Pedro Manterola director del Museo Oteiza: “Jorge Oteiza era pura desmesura. Era todo y no era nada”
Sumario
- Es un hombre que vuelve a poner sobre la mesa uno de los problemas más permanentes de la historia del arte, el del conflicto entre materia y espíritu, entre cuerpo y alma.
-Cuando consideró haber recorrido toda la historia de la escultura se sentía con fuerzas para decir que la escultura era él, ya que al menos, su espíritu la contenía dentro de sí.
Alzuza es un pequeño y acogedor municipio de Navarra. Esta situado en lo alto de una colina que permite contemplar unas estupendas vistas del verde paisaje que queda ante sus pies, paisaje que el escultor Jorge Oteiza contempló durante décadas, tantas veces como días vivió en este lugar. Ahora en uno de los puntos más altos del municipio junto a lo que fue la casa-taller del escultor se encuentra el “Museo Oteiza” cuyo edificio vanguardista fue diseñado por Sáinz de Oiza, un gran amigo del escultor, que se ha convertido en el emblema del municipio. Desde 2003 el museo atrae cada año a miles de visitantes que se acercan hasta este tranquilo lugar en el que Oteiza, su más ilustre residente, vivió, pensó y esculpió hasta su muerte y al que decidió dejar parte de su patrimonio como símbolo de gratitud por acompañarle en su incesante camino hacia la espiritualidad, en ese empedrado ascenso ascético que intentaba lograr a través del arte.
En una de las estancias del museo se encuentra el despacho de Pedro Manterola, director del mismo y reconocido experto en la obra de Oteiza. A este despacho que conjuga armoniosamente en su decoración la fortaleza del arte tradicional con el dinamismo del arte moderno, acude todas las mañanas este hombre de aspecto sencillo que desprende sin pretenderlo admiración y respeto. Su carrera ha sido y es, pese a su jubilación, meritoria; tras ser profesor de Historia del Arte de la UPV (Universidad del País Vasco) fue nombrado en los años ochenta Decano de la Facultad de Bellas Artes de esta misma universidad, a principios de los noventa ocupó el cargo de asesor de Cultura del Gobierno de Navarra y ahora además de la dirección del museo, es también el director de la Cátedra “Jorge Oteiza” de la Universidad Pública de Navarra. Sin embargo, con una voz que desvela su más de media vida dedicada a la enseñanza universitaria, explica, como si fuese la primera vez, la obra y personalidad de tan irrepetible como pintoresco escultor:”Jorge Oteiza era pura desmesura, era un hombre exageradísimo. Era todo y no era nada”
P- Gran parte de su vida profesional ha girado en torno a este gran escultor ¿Qué le hizo acercarse a la obra de Oteiza?
R- En primer inicio lo hice porque era necesario para mi oficio. Yo era profesor de Historia del Arte en la Universidad del País Vasco y era muy difícil estar en este país y ser profesor de Historia del Arte sin que Oteiza te interesara, por aquel entonces era una figura de referencia para todo el mundo. Además, allá por los años 60 lo conocí, era un seductor, un personaje que impresionaba mucho y obviamente eso me hizo acercarme más a su obra. A partir de ahí, se inició una relación personal que se superponía a la profesional.
P- ¿Qué es lo que más le impresionaba de él?
R- Era un hombre con un talento artístico extraordinario. Pero además, tenía un perfil muy particular, por un lado poseía el carácter de los artistas románticos del S XIX. Era pura desmesura, era un hombre exageradísimo: enorme y pequeñísimo, generosísimo y miserable, se entusiasmaba con cualquier cosa o se ponía tristísimo y lloraba. Era todo al mismo tiempo. Era todo y no era nada. Por otro lado, estaba muy preocupado por los elementos metafísicos y las circunstancias de la existencia: la muerte, Dios. Las grandes preguntas sin respuesta que tantas veces se habían hecho los románticos. Tenía unas ideas brillantísimas gracias a su extraordinaria intuición. Todo ello dibujaba un personaje insólito con unas características muy poco corrientes. De manera que era muy fácil que una persona joven como yo era entonces, se quedase completamente impresionada ante un personaje así. Eso fue lo que inicialmente me cautivó, pero ese tipo de admiración fue más efímera. La fascinación que realmente ha perdurado a lo largo de mi vida se dirige hacía los aspectos artísticos de la figura de Oteiza, al valor de su obra y a su intuición artística.
P-Hable de su obra…
R-Diría que es un hombre que vuelve a poner sobre la mesa uno de los problemas más permanentes de la historia del arte, el del conflicto entre materia y espíritu, entre cuerpo y alma, luz y oscuridad, interior y exterior. Sabemos que este tipo de problemas cualquiera se los puede plantear, pero en el tiempo en que vivió esas cuestiones ya no se las planteaba nadie, Oteiza nos recordó que todavía estaban ahí. El les daba forma a través de la escultura, ofrecía una respuesta a esas preguntas. Y eso es lo que dotaba a su obra de un valor especial. Además les daba forma a través de una escultura que formalmente era de vanguardia. Asociaba todo, los problemas tradicionales permanentes de la historia del arte, del espíritu humano, de la conciencia, con una perfecta localización temporal. El arte de las vanguardias, el arte abstracto. Todo esto hace a Oteiza una figura valiosísima.
P- A medida que pasa el tiempo la obra de Oteiza va adquiriendo más prestigio internacional. Hace unos días se inaguró en Madrid una exposición sobre Oteiza en la galería Malborough. Usted en un escueto comunicado declaró: “ La presente exposición perjudica el reconocimiento alcanzado por la obra de Jorge Oteiza y acentúa la confusión que su obra escultórica viene padeciendo en los últimos años."¿Por qué hizo tales afirmaciones?
R. Esta historia se remonta al año 2000, Oteiza con 92 años firmó un papel en el que autorizaba a un personaje (al que prefiero no nombrar) a realizar reproducciones de su obra. Pero con el amparo legal de su firma, se comenzaron a cometer arbitrariedades infinitas desde punto de vista artístico, como cambiar el formato de algunas obras, los tamaños, otras se presentaban como originales cuando eran tan sólo reproducciones. En Malborough se presentaron algunas de estas piezas, concretamente dos reproducciones que se hicieron después de su muerte. Aquí, en el museo, se produjo mucho revuelo. Yo preferí mantenerme al margen, pero después de recibir tantas llamadas decidí hacer ese escueto comunicado. No quería crear polémica pero consideraba que era necesario. Sin entrar en el derecho legal de esas obras juzgándo el hecho desde lo estrictamente artístico me parecía muy triste que este tipo de cosas nadie las supiese porque es una pena que no sepamos custodiar un patrimonio como el que tenemos.
P- Se sabe que en vida tampoco tuvo afinidad con pinacotecas y galeristas. Su relación más sonada fue con el Museo Guggenheim, al que siempre demostró su rechazo, declarándo que nunca expondría allí. Finalmente, poco antes de morir aceptó que su primera gran antología fuese en este museo ¿Por qué Oteiza cambió de opinión ?
R- Al principio, no sólo no quería exponer allí sino que maldecía a este museo 1continuamente. Escribía artículos periodísticos proclamando que el Guggenheim había acabado con su proyecto de crear el Gran Museo de Arte Vasco, anunciaba sin pudor que todos eran unos vendidos y canallas. Pero se dio cuenta de que el museo funcionaba, que se había convertido en un valor importante y que a pesar de su rechazo aún así seguía habíendo obras suyas compradas por el museo a coleccionistas. Cambió de actitud aunque sólo fuese en favor del interés público que sus obras poseían. Influyó también en su decisión la presión recibida por parte de otros artistas y de los medios. Otieza cedió y el Guggenheim le montó una exposición estupenda, la muestra biográfica más grande que se ha hecho de él hasta la creacción de su museo. Realmente nunca se supo si había cambiado su opinión sobre el Guggenheim, de Jorge nunca se podía saber lo que pensaba verdaderamente.
P- ¿Qué ve un aficionado cuando se acerca a un museo y contempla una obra de Oteiza?
R- No sé… me cuesta mucho desprenderme de lo que ya conozco pero supongo que a primera vista no gustará demasiado. Un observador novel sentirá el vacío, verá poco material, algunas formas y muchas geometría. Pensará por qué ese hombre es tan famoso. Es un tipo de escultura distinta a la tradicional que requiere comprensión previa. Oteiza no trabaja sobre el material sino sobre el espacio, aunque bien es cierto que estas consideraciones variarán mucho dependiendo de qué época estemos considerando. El decía que sólo había una escultura y un escultor y por eso tenía que atravesar en su carrera todas las épocas de la historia del arte, cosa que cumplió. Esculpió desde obras con la robustez y formas típicas de la prehistoria hasta ese vacío que buscaba en su época madura propio del arte de vanguardia. Cuando consideró haber recorrido toda la historia de la escultura se sentía con fuerzas para decir que la escultura era él, ya que al menos, su espíritu ya la contenía dentro de sí.
P- Para Oteiza llegar a la representación del vacío fue muy importante, ¿qué significaba este elemento metafísico en su escultura ?
R-El vacío en la obra de Oteiza representa el depósito de la memoria, de la conciencia y de todo lo que en el espíritu existe, hasta incluso un trocito de cielo. A través de ese espacio vacío intentaba lograr en su escultura un desprendimiento total de la materia que llegase a representar el espíritu puro. Si lograba el vacío, la obra alcanzaba su próposito último la sacralidad. La escultura para Oteiza era un servicio metafísco que permitía al hombre alcanzar la eternidad