Publicidad:
La Coctelera

Categoría: Jóvenes pensadores

4

Érase una vez un principito solitario

Cuando en conversaciones entre amigos sale a relucir nuestra infancia cada uno habla de lo que más le ha marcado en la vida. Aquello que por considerarlo importante, recuerda. Todos nos emocionamos y contamos a modo hazañas cómo éramos y qué hacíamos. La conversación fluye durante un rato sin tregua, nuestros sueños e ilusiones florecen de nuevo.

Cuando recuerdo mi pasado me imagino como una niña inquieta, despierta y activa. Escondiéndome en un arbusto, corriendo tras un pueril niño que se enfadaba porque le alcanzaba; llorando porque no tenía hermanos mayores que me defendieran como mi amiga Leti que sí los tenía, riendo con los mismos que me habían hecho llorar, soñando con ser mamá o vendedora, recreando mi imaginación y haciéndola realidad a la vez, con piedras, arena o papel. Me imagino junto a otros y lo más importante junto a otros semejantes a mí.

Otros de mis amigos, en cambio, hablan casi con lágrimas en los ojos de las míticas series de televisión. Hacen memoria de cada personaje y cada escena, como si ellos estuviesen allí, presentes en un mundo que no era el suyo, siendo hijos predilectos de una dimensión virtual. Hablan exaltados de los juegos de la Nintendo o la Game Gear. Rememoran sus momentos Game Boy como lo mejores, equiparados a los pasados con un buen amigo de la infancia. Se recuerdan solos, junto con sus cosas.

Por un momento me siento desplazada sin saber que decir, intentando no mostrarme ridícula e ignorante ante tanto conocimiento adquirido durante años. Yo no recuerdo más que cuatro series con alguno de sus protagonistas, nada de Nintendo, Game Boy ni tan siquiera grandes colecciones de muñecas. Por un momento dudo de la calidad de mi infancia. Pero de repente imagino a un ser insignificante e ingenuo, sentado delante de un televisor durante horas, sin moverse, absorto ante una eclosión de imágenes, sin hablar…o a otra criatura pulsando exaltada las materiales teclas de una máquina cualquiera, creada por adultos; mientras va al colegio, en el recreo o en su hora de la merienda. Abducido por la pantalla, por su pantalla, sin mirar al mundo del que tanto desconoce, encerrado en un universo sólo suyo. Me apeno y caigo en la cuenta de lo afortunada que he sido. Mientras yo compartía mi tiempo con personas otros muchos niños consumían su infancia relacionándose con objetos. Sólo suyos. ¿No es esta la expresión más infame del individualismo ponderante en nuestra época? ¿No es quizá esa la peor desgracia en la que puede caer el hombre? La de estar destinado a la soledad desde los la niñez.

Aunque parezcan minucias o detalles triviales de la biografía de cada uno, la relación que hayan adquirido los infantes con sus iguales será la que mostraran el resto durante el resto de sus vidas: consigo mismos, con sus amigos, con sus hijos, con sus vecinos y compañeros de trabajo, en su matrimonio…

Los hombres actuales y de una manera más llamativa y alarmante los niños han pasado de entenderse como integrantes de una comunidad a considerarse como un seres sólitarios, independientes del mundo y rodeados de otros sólo accidentalmente. El niño postmoderno (puestos a clasificarlo dentro de un grupo distinto) ya no siente la necesidad de cumplir sus expectativas junto con otros. Sus ganas de jugar, de conocer o reír se satisfacen, en muchos casos, a través de un mundo irreal, virtual o en su defecto por un universo televisivo sin valores, creado por grupos empresariales, por factorías de morbo sin escrúpulos.

La necesidad infantil de humanidad, por descuido o comodidad, se suple con una buena dosis de materialismo. El niño postmoderno conoce al dedillo el uso y función de cientos de aparatos electrónicos que por desgracia le hacen creer en una falsa autonomía con respecto a sus semejantes. Y que, en cambio, revela una esclavitud hacia las cosas.

Sólo es necesario poseer (palabra clave en el individualismo) para tener diversión. Sin salir de casa, sin necesitar a otro, se puede encontrar la satisfacción que se busca. Los niños, que tienden a escoger lo más cómodo y placentero posible, prefieren quedarse solos, acompañados de mundos estimulantes donde casi siempre se puede lograr lo que uno quiere sin demasiado esfuerzo a salir y enfrentase con las dificultades que las mismas relaciones interpersonales generan. En ellos, también, se les acerca a cosmos fantásticos con tanto detalle que la realidad acaba pareciendo pobre, insulsa, aburrida. En otros casos, miles de historias se pasan ante los ojos de críos ensimismados de las nunca llegan a ser participes. Facilitando la formación de seres pasivos, sin iniciativa propia. Estos niños acaban siendo felices viendo pasar la vida sin haber aportado nada en ella.

Por el contrario, la gran mayoría desconocen las normas de sociabilidad o la importancia de la generosidad y la entrega en la amistad. La dificultad que supone ser junto a otros, que nadie puede ser sustituido por nada ni tan siquiera por nadie. Les cuesta entender que a las personas no se las puede suplir y, en el peor de los casos, olvidan que los otros no son meros instrumentos para su generadores de placer.

Replanteando el individualismo desde estos pequeños detalles, desde la infancia y sus comportamientos tan insignificantes en apariencia, podemos entender un poquito mejor los problemas que afectan a la juventud actual. Resulta más fácil deducir de dónde vienen y hacia donde irán (si no están yendo ya) las futuras generaciones. Entender la apatía, la desilusión constante en la que viven muchos jóvenes, el aburrimiento vital, la frustración de seres con una vida todavía sin hacer, el aumento de depresiones en niños y jóvenes. El incremento de los suicidios de menores. Son más fáciles de entender cosas tan desesperanzadoras como estas porque cuando el hombre deja de entenderse como lo que es para entenderse cómo lo que no le gusta ser, un principito solitario, nadie queda a salvo.

0

La magia de las palabras

Han sido muchas veces las que me he preguntado sobre las palabras; de dónde vienen, cómo se hacen, cómo a lo largo de generaciones se siguen utilizando con pequeñas evoluciones. Me asombra cómo los niños pueden aprender tan fácilmente una lengua, cómo son capaces de comenzar a expresar sus ideas y conceptos con sonidos que antes eran para ellos ininteligibles. Pero lo hacen, y además pronto y con poco esfuerzo. Sin darse cuenta. Nadie recuerda el momento en que empezó a hablar, ni por qué lo hizo. Nadie recuerda lo que pensaba cuando no entendía las palabras y cuando no sabía usarlas; quizá porque ni siquiera pensaba, o al menos, no de una manera que se pueda recordar, porque nuestros recuerdos están formados por imágenes, pero por imágenes que podemos expresar con palabras; si no podemos, los recuerdos son efímeros y se olvidan en poco tiempo.

Las palabras, por tanto, son más importantes de lo que habitualmente se cree. ¿ Se puede pensar sin una lengua? Una persona, ¿puede tener ideas si no sabe cómo expresarlas? No es fácil responder a esta pregunta. Probablemente pueda tener ideas muy básicas, pero me resulta difícil de creer que pueda elaborar un pensamiento complejo. ¿Las palabras se basan en el pensamiento o el pensamiento en las palabras? ¿Qué condiciona a qué? Un niño expresa más o menos lo que siente sin decir ninguna palabra: se ríe cuando está contento, llora cuando está incómodo (no sabemos qué es lo que le incomoda, pero sabemos que no está a gusto)… incluso podemos saber si está soñando con algo tranquilo o todo lo contrario por la expresión de su cara. Podemos expresar cosas sin palabras. Visto así, habría que admitir que las palabras no responden al todo del lenguaje. Cuántas veces se oye la expresión: “Vale más una imagen que mil palabras”; no estoy del todo de acuerdo , pero en cierto modo he de admitir que sí que es así. A uno le basta con ver la cara de su madre para saber que está enfadada; incluso le sobra. Con una simple expresión puede adivinar, sin esfuerzo, la razón. Voy a ir un poco más allá: el tono de voz. Dejando de lado las expresiones, que nos dicen bastante sin necesidad de palabras, pensemos en el tono de voz de una persona. Sin escuchar lo que una persona nos dice, sabemos de forma instintiva más o menos lo que nos quiere transmitir. Sabemos cuándo debemos reírnos sólo por el tono de voz, aunque no estemos prestando atención a sus palabras; sabemos cuándo una persona nos está contando un problema, cuándo nos cuenta algo importante para ella o algo superficial; sabemos cuándo una persona se va a declarar mucho antes de que diga las palabras que lo verifiquen, ¿por qué lo sabemos? Por dos cosas: por la expresión de su cara y por el tono de su voz cuando simplemente está haciendo un preámbulo (normalmente absurdo) para entrar en contexto.

Ahora, ¿sabríamos lo que quieren decir las expresiones y el tono de voz sin tener como base una lengua? Hay que pararse a pensar un poco para responder a esta pregunta. La expresión en una cara la entendemos porque previamente se nos ha explicado. Sabemos que nuestra madre está enfadada porque tenemos la experiencia, muy repetida, de que esa cara va acompañada de palabras que nos dicen que está enfadada. Si nunca hubiese acompañado ese gesto con palabras, ¿sabríamos lo que significa? Probablemente no. Lo sabemos ahora, pero porque ella se ha encargado de enseñarnos lo que quiere decir esa expresión a través de sus palabras. Todos tenemos la experiencia de estar hablando con alguien que, de repente, pone una expresión que nunca habíamos visto en su cara, y no sabemos lo que significa, ¡tenemos que preguntárselo! El tono de voz tiene la misma explicación, si cabe, más sencilla: a lo dicho, hay que añadir, que el tono de voz se “pone” hablando, utilizando las palabras. No hay tonos de voz sin palabras; son necesarias, lo demás sería estar entonando una especie de canción desafinada.

Las palabras son más importantes de lo que habitualmente se cree. En las palabras basamos nuestro pensamiento; pensamos, de alguna manera, lo que podemos expresar. Una lengua es la base, en cierto modo, de nuestra forma de actuar, de nuestra forma de entender, ¡incluso las cosas que no están formadas por palabras! Por eso, he de volver sobre la frase de: “Una imagen vale más que mil palabras”; es verdad, pero lo es ¡porque las palabras se han encargado anteriormente de darle un significado a una imagen! Es cierto que las palabras no forman el todo del lenguaje, pero hay que admitir que, desde luego, constituyen el “casi” todo.

1

La entrevista de una principiante

Me gustaría colgar esta entrevista que allá por abril hice al fotógrafo Sergio Caro antes de que ganase el premio Príncipe de Asturias de periodismo. No ha sido publicada en ningún medio por ello me gustaría que alguien pudiese disfrutarla y de paso que juzgase su calidad.

El fotógrafo Sergio Caro ganador del último premio Ortega y Gasset de periodismo

“Una mentira con imágenes es mucho más potente”

Aunque sea un nombre desconocido para muchos, lo más seguro, es que por nuestra retina haya entrado alguna vez una de sus fotografías. Pese a su juventud, Sergio Caro, ha logrado abrirse un prestigioso hueco en el mundo del periodismo visual. Actualmente trabaja para distintos medios. Pero a este sevillano el prestigio parece importarle poco, su preocupación se centra en la de informar. Contar a través de imágenes. Y vaya si lo consigue. En sólo unos días una foto suya circuló por todos los periódicos nacionales: dos subsaharianos esposados, llorando en un autobús custodiado por las autoridades marroquíes con un destino incierto. Esta imagen logró condenar lo que estaba pasando en la frontera hispano-marroquí. Nos alejó de los números, cada día repetidos en los medios sobre los inmigrantes, y a cambio nos puso un rostro, una expresión de desolación y desesperanza de los que intentan saltar esa valla que marca las fronteras entre el tercer mundo y nuestro país. El arrojo con que enfoca su objetivo ha sido recompensado con un prestigioso premio, el Ortega y Gasset al mejor trabajo fotográfico, galardón organizado por el diario El País. Aunque muchos de sus retratos logren captar la profundidad del dolor humano a Sergio le gusta plasmar todo tipo de vivencias, desde el folclore y las costumbres de su Andalucía natal a la vida de los desheredados saharauis.

P- Una buena foto es…
R- Hay buenas sin más y las formidables. Las primeras gozan de una gran calidad gráfica o en su defecto pueden ser muy expresivas, llegan a transmitir mucha información y eso las hace ser buenas. En cambio, una foto fuera de serie ha de cumplir ambas condiciones, comunicar y estar técnicamente bien hecha. Es muy complicado, de 100 fotos que aparecen en los medios igual sólo dos llegan a ser formidables.
P- ¿Tiene alguna de esas?
R- No sabría responder, para mí es muy difícil valorar mis fotos. Me influyen muchos factores externos a la imagen que me hacen ser muy subjetivo. Cuando llega el momento de publicar me resulta bastante complicado escoger cual es la mejor, por eso procuro tener opiniones de otros.
P- El buen profesional trabaja con unos objetivos. ¿Qué busca con sus fotos?
R- Me encantaría que pudiesen tele-transportar al que las observa, llevármelos en mi mochila. Que mis fotos sean algo así como una bola de cristal, desde la cual se pueda captar el ambiente y los pequeños detalles que muy a menudo se descuidan incluso estando en ese lugar. Aunque a veces me conformo con informar.
P- Ojeando su página web dedica gran parte de su contenido a los más desfavorecidos ¿Concibe usted la fotografía como un modo de denuncia?
R- Mi primer objetivo es mostrar la realidad, aunque si sirve para algo, mejor. Intento contar todo tipo de historias, no creo que los toreros a los que fotografío necesiten mis fotos para denunciar nada. Aunque si es cierto que cuando existen graves problemas sientes una necesidad mayor de contar lo que pasa. Pero reitero en la idea de que mi misión es enseñar al mundo no sólo una parte de la realidad. Fotografiar Marbella en profundidad sería una pasada, pero cuando la intentas encuentras demasiadas barreras, pocos ricos quieren contar su verdad. La gente sin posesiones físicas, en cambio, te suelen abrir más las puertas, bueno los que las tienen (sonríe).
P- Como ha insinuado, no todos sus retratados sienten comodidad ante la presencia de su cámara, ¿se siente cómodo tirando una foto en cualquier situación?
R- No, muchas veces te censuras. Hay que valorar cada circunstancia por separado, es muy complicado y todos nos equivocamos. Es necesario explicar la repercusión del acontecimiento al afectado. Que comprenda que informar sobre su situación es importante, aunque sea en un momento doloroso. Lo suelen entender. La prensa del corazón y la amarilla han hecho mucho daño al respecto porque no respetan. No tienen límites.
P-. En nuestra sociedad existe un gusto morboso por el dolor ajeno. La fotografía, por otro lado, es un medio muy directo y adecuado para la expresión de este. ¿No cree que se abusa de ese poder?
R- Hay fotos muy sucias. El dolor hay que enseñarlo, pero a ser posible de una manera digna, sensible y contundente. No es nada fácil. No debemos jugar demasiado con la sugestión, ni buscarla exclusivamente. Pero entorno a esta cuestión hay una doble moral grandísima. ¿Cómo puede ser que no hayamos visto ni a un sólo muerto de las torres gemelas y le tapemos la cara a todos los niños de occidente; mientras que se muestra con total brutalidad y horror a los más desfavorecidos? En occidente si se censura algo es siempre pensando en el espectador, nunca en las víctimas. ¿Qué pasa? Que en el tercer mundo no hay abogados

La valla de Melilla

P- La fotografía por la que le han premiado recientemente refleja el dolor y la desesperanza a la perfección. Dos hombres esposados, son trasladados en un autobús para ser abandonados en el desierto. Usted vivió en directo el conflicto de Melilla. ¿Cómo fueron esos días?
R-- Perdón por la expresión, pero muy jodidos.
P- ¿Podría ser más explícito?
R- Aunque vas allí con la intención de informar, con estas historias acabas indignado y te sientes insignificante. No puedes ayudar a todo el mundo y te frustras. Por eso opto por hacer mi trabajo lo mejor posible. Eso sí, siendo buena persona.
P- Una imagen suya en esos momentos parece que expresó más que mil palabras ¿Cree en el dicho?
R- Me alegro de que mi fotografía haya sido útil. La prensa de vez en cuando sirve para algo. Pero soy de los que opinan que tanto las imágenes como las palabras son débiles por sí solas. Creo que lo importante es la persona que está detrás de las palabras (los periodistas) y de las imágenes (los fotógrafos). Dependemos de su honestidad. La frase: “lo ha dicho la tele” te da una idea de lo ceporros que somos. Nos olvidamos de que no lo dice la tele sino alguien. Y los que quieren mentir se aprovechan porque una mentira con imágenes es mucho más potente.
Beatriz Martínez Gil

3

Una cuestión personal

Desde hace un par de años, la cuestión de si es lícito o no el botellón se ha convertido en un tema de continuo debate. El hecho es que después de haber sido prohibido en muchas ciudades de España, cada fin de semana se sigue repitiendo la misma estampa. Sobre las once de la noche algunos parques y calles se llenan de jóvenes con botellas y ganas de divertirse, el mobiliario urbano se convierte en una barra improvisada y las conversaciones, guitarras y gritos de algunos se suceden hasta altas horas de la madrugada. El coste final es el de algunos chicos con coma etílico, muchas borracheras, suciedad y gran parte del vecindario indignado por la nueva forma de divertirse de la juventud.

Aunque se han tomado muchas medidas legales en contra del botellón y la mayor parte de la población está en contra, los jóvenes fieles a su condición natural siguen haciendo lo que quieren: reivindicando cada fin de semana qué es lo que les gusta hacer a pesar de los problemas que suscita estar al margen del sistema y tener en contra a casi toda la sociedad no- joven, por cierto, muy numerosa en España.

La “cultura del botellón” se ha impuesto sobre otras formas de ocio. Los ciudadanos se quejan, los bares nocturnos se arrancan los ojos cada vez que unos jóvenes beben frente a su establecimiento, los ayuntamientos prohíben estos eventos. Pero nadie se pregunta por qué. Por qué se ha impuesto esta forma de divertirse sobre otras, por qué el botellón genera tantos problemas si en realidad ni si quiera es algo violento o peligroso, por qué los jóvenes beben en lugar de hacer otras cosas, por qué ensucian…Se imponen medidas pero no se buscan soluciones. Se intenta erradicar el botellón, cortándole únicamente las puntas, si lo que preocupa es el nuevo modo de diversión de la juventud, la solución no vale.

No considero que hacer botellón sea la manifestación de una libertad excepcional, ni que los jóvenes encuentren en tales eventos la posibilidad de ejecutar una libertad coartada en otros ámbitos. Simplemente es una opción entre varias para pasar una noche de fin de semana; que para algunos sea la única posibilidad, como se alega cuando intentan erradicar este movimiento, es otro problema. Un problema que va más allá de beber o no beber, de que exista el botellón o no, sino que se enraíza en lo más profundo del individuo, en sus motivaciones y expectativas vitales. Tiene que ver con el vacío existencial de quién lo padece, muy común en esta época y no con que se participe en un botellón, se beba en una casa o en una discoteca. Ese desatino afecta a muchos hijos de nuestro tiempo, jóvenes y mayores. Y se puede manifestar de muchas maneras. Es tan preocupante la situación de un joven que baraja cómo única opción acudir a un botellón como la de personas que pasan su fin de semana en un centro comercial, realizando compras, la mayoría innecesarias y en ocasiones hasta compulsivas. La función que estas personas otorgan al ocio es la misma: Gastar el tiempo en algo, da igual en qué. Si es posible, que no implique pensar demasiado y sea lo más placentero posible.

Si lo consideramos desde ese punto de vista nos daremos cuenta de que la cuestión de fondo de ese tipo de afirmaciones no radica en que exista el botellón o no, sino en que pueda llegar a forjarse entre los jóvenes una conciencia de ocio productivo. Siendo así, no creo tampoco que ir a un botellón un viernes o sábado sea necesariamente sinónimo de ocio improductivo. Los jóvenes también utilizan ese tiempo para ver a los amigos que en los días de semana no pueden ver, para hablar de cosas interesantes con conocidos o incluso con desconocidos que pueden ofrecer una nueva visión sobre un tema. Un botellón permite lo que una discoteca imposibilita: hablar. Ocupar tu tiempo de ocio en algo que no es exclusivamente beber, fumar y bailar. Te permite conversar.

Entiendo que para alguien que nunca haya estado en uno parezca algo absurdo que sólo genera basura y ruido. Pero no todos los jóvenes se comportan igual, hay mucha gente que recoge sus restos. Otros en cambio los dejan indiscriminadamente en el suelo. Pero me parece hipócrita que en ciudades como Madrid se pueda responsabilizar a los jóvenes de esto, mientras la mujer que se ha quejado de la suciedad que genera un botellón, esa misma mañana permite a su hijo que arroje el cartón de una revista en mitad de la calle. Está claro su hijo será uno de esos que el día de mañana dejarán las botellas en mitad del parque.

Ésta, en mi opinión, es uno de los mayores errores que se cometen a la hora de considerar la cuestión botellón. Cuando se toma a los jóvenes como colectivo y no como individuos. No todos somos iguales, no todos salimos con las mismas intenciones, no todos cuando salimos buscamos las mismas cosas, no todos dejamos basura, no vamos al botellón a gritar, vamos a hablar. No todo es malo en el botellón; si lo que preocupa son esos comportamientos huecos de los jóvenes, su automatismo, su escepticismo, hasta que las medidas no vayan orientadas hacia esa dimensión el botellón, o por lo menos lo que la gente asocia con el botellón, no acabará, al menos de momento.

En lo que a mí respecta como se puede deducir de lo dicho, me gustan los botellones y no me parecen tan nocivos como los pintan. Para mí supone una forma de compartir mi tiempo y conversar con otras personas mientras tomo algo con poco gasto. En un entorno más sano que una discoteca. El escaso gasto que me supone me permite hacer otras cosas con el dinero que me podría gastar en salir por bares o discotecas. Mi experiencia me dice que los que gritan, gritan estando en un botellón o trasladándose de un bar a otro. Son los llamados “notas” que siempre van dándola por ahí. El ruido que genera un botellón podría ser equiparable al que se existe en un calle repleto de pubS. Pero el botellón no compensa por que sólo los chinos de turno sacan algo de beneficio económico. Con este ensayo sólo pretendía defender un poco a un evento que tantos buenos momentos me ha dado, con mis amigos, con gente que acabo de conocer, con música en directo, viva …Y que en cambio tantas críticas, a mi parecen poco perspicaces, se le realizan.

Beatriz Martínez

3

Los límites de la opinión


Actualmente parece que la dificultad más grande al solucionar un problema no se encuentra en el problema mismo sino en la adecuada comprensión de éste. En numerosas ocasiones ocurre que no vemos que las diferencias de opinión tienen su raíz hundida en las distintas interpretaciones, ya sean más acertadas o menos. Por ello, lo primero es aclarar qué es la opinión y qué es el respeto. La opinión, es una forma propia de pensar sobre algún asunto cuestionable. Como se puede observar, difiere de la verdad en que ésta no es discutible, sin embargo tienen cierta relación y es que la opinión la pretende. La complicación reside en dilucidar cuál es la opinión más cercana a lo verdadero, o en lo referente al plano ético, lo más cercano al bien. Es en este punto, en el que el respeto entra en juego. Esto ha sido mencionado claramente por Benedicto XVI en la reunión con los embajadores de los estados musulmanes.

En el momento en que se inicia un diálogo en el que se enfrentan opiniones, las opciones a las que se puede aspirar son varias. Éstas se pueden resumir en las siguientes: sencillamente conocer de qué otra manera argumenta o razona otro, exponer las ideas entre ambos para alcanzar una conclusión común, o por el contrario, la búsqueda de poder, es decir, imponer las propias ideas y declararlas como definitivas.

Esto último es lo que da lugar al conflicto, si se rechaza la postura dominante, o la limitación de la libertad de expresión si se acepta.

El respeto, tener consideración hacia alguien o algo, es lo que debería salvaguardar este tipo de conflictos.

Por otro lado, no se pueden estudiar aisladamente estos dos conceptos como generalmente se intenta, ya que no dejaría de ser un estudio parcial y por tanto reduccionista. Todo enmarcado en un contexto, consigue que la comprensión sea más sencilla.

¿A qué conduce la falta de respeto? A medida que se van afianzando los propios razonamientos y se reniega del resto, uno se enfrasca en su forma de pensar y no ve más allá. Esto conduce a encerrarse en uno mismo complicando la tarea de retroceder y saltar sobre determinados errores, pues sin ayuda no los advierte.

No se trata de una total aceptación de sus conclusiones, sino de intentar comprender otras formas de vivir, sentir, creer...

¿Qué es lo que produce tal diversidad? La heterogeneidad de culturas, convenciones sociales, tradiciones, experiencias, circunstancias… La sociedad requiere de un entendimiento por parte de unos y otros para que ésta prevalezca. Debe por ello haber una base sobre la que asentar ese respeto que no es sino un tipo de protección frente a otros y un signo de igualdad en cuanto que todos somos seres humanos. De esta forma el respeto es absolutamente necesario y debe fomentarse en la educación. Pero hay un gran abismo entre el respeto hacia las personas que generan las opiniones y las propias opiniones. ¿Cuál es el criterio que seguimos para juzgar una opinión? Lo primero es que ese argumento se sostenga sobre los pilares del conocimiento, de la razón y de la experiencia. No hay que dejarse llevar por “el todo vale”. Es fácil decir que hay que ser tolerantes y respetuosos con lo que nos rodea, pero no nos engañemos, hay que tener un criterio y según este distinguir que es lo que bajo ningún concepto hay que aceptar.

Siempre es bueno conocer por donde se está caminando y poner límites para fijar el camino y no perderse. ¿Dónde están los límites del respeto?

La respuesta, tal vez, la encontremos en el ámbito de la moral. Con el tiempo hemos conseguido que se reconozcan ciertos derechos y entre ellos el de la libertad de expresión. Pero esto no significa que todas las opiniones sean acertadas según desde donde se miren; caeríamos en el relativismo, pero sí que es cierto que muchas de ellas no se pueden evaluar ya que son excesivamente subjetivas. Sin embargo, existen otro tipo de opiniones que afectan a los demás seres humanos como la ley del aborto. Además no hay que olvidar que las opiniones en su mayoría persiguen un fin que no es otro que materializarse en una determinada acción. En esta clase de opiniones las delimitaciones las deberían poner un conjunto de principios éticos sólidos e incuestionables. Establecer valores humanos como la dignidad e identidad de cada uno de nosotros por encima de todo, infranqueables.

De esta forma es completamente preciso hacer una distinción entre lo que sí se puede juzgar y es superfluo para otros seres humanos pues no les afecta en gran medida y lo que no es cuestionable, pues nos puede dañar íntegra o parcialmente.

Emma Badía

1

Los sueños

Los sueños ha sido un tema que siempre ha llamado la atención. En todas las épocas ha habido pensadores que han reflexionado acerca de esto porque es un tema tan fascinante como misterioso. Ya en la época antigua Homero escribía que "los sueños son de júpiter, que él los envía y que hay que creer en ellos". Los sueños eran en ese momento señales del futuro o advertencias; en cualquier caso, había que prestarles atención y por eso su interpretación era necesaria e importante. Esta mentalidad se ha ido extinguiendo a lo largo de los siglos, pero no del todo: incluso en nuestro tiempo hay gente que sigue considerando los sueños como premoniciones y, aunque no lo veamos así, es evidente que la gran mayoría de la gente considera los sueños como signos, como una manifestación de nuestro inconsciente a la que hay que prestar atención.

Esta visión de los sueños es, probablemente, herencia del pensador al que solemos asociar más rápidamente con los sueños: Sigmund Freud. Freud descubrió, entre otras cosas, que las emociones enterradas en la superficie subconsciente suben a la superficie consciente durante los sueños, y que recordar fragmentos de los sueños puede ayudar a destapar las emociones y los recuerdos enterrados. Esto fue el inicio de una tendencia de terapias que utiliza los sueños para recordar dificultades en la infancia o emociones reprimidas que expliquen problemas emocionales en los adultos. Freud, del mismo modo, afirmaba que cualquier elemento que aparezca en un sueños es un rasgo de la personalidad del individuo soñador. De todas maneras, aunque este tipo de teorías son todavía seguidas, actualmente no son las únicas. Recientemente psicólogos científicos han afirmado que se pueden analizar los sueños codificando e informatizando los datos extraídos de ellos.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez qué significado tiene algo que ha soñado? Creo que no habrá ninguna persona que en algún momento no se lo haya planteado. Actualmente hay muchos libros y lugares, incluso en internet, que se dedican a la interpretación de los sueños. Qué significan nuestras pesadillas, por qué volvemos a soñar una y otra vez lo mismo... Los sueños son casi siempre diferentes, pero hay algunos que se repiten en mucha gente; son también un punto de unión entre las personas. Una persona tiene una media de siete sueños en una noche, aunque luego ni se acuerde o se acuerde tan sólo de uno.

Entonces, ¿todas las personas soñamos? ¿de qué depende que soñemos o no? Contra lo que cabía esperar, no todas las personas soñamos. Según han asegurado recientemente un grupo de científicos suizos, hay una parte del cerebro específica para los sueños; si se daña, dejamos de soñar. ¿Tendrá una persona la mente en blanco si se le daña esa parte? Hay un montón de cosas por descubrir todavía sobre los sueños y supongo que acabaremos sabiendo casi todo, ya que dudo que este tema deje algún día de importar. Mientras tanto, ojalá no dejemos de soñar.

Comentario sobre los enlaces:

He pensado en este artículo porque me parece que el tema de los sueños es bastante interesante. El primer enlace me ha parecido importante porque Freud lo es en este tema. Para encontrarlo he entrado en lacoctelera.com/wila, ahí he pinchado en periódicos electrónicos y luego en el mundo. He buscado Freud en el buscador y he escogido el cuarto resultado porque es una página bastante extensa e interesante sobre el autor.

El segundo enlace lo encontré también en el mundo. Concretamente en elmundo.es buscador. Ahí puse "salud sueños" y apareció ese artículo. Me pareció interesante para mostrar otras corrientes distintas a la de Freud.

El tercero lo encontré en la razón. n el buscador puse "noticias sobre sueños". Ahí me salió una página de euroresidentes y el segundo resultado era este enlace de interpretación de los sueños. Me pareció interesante porque ya que estoy hablando del tema, una página en la que se pueden interpretar los sueños ilustra lo que digo.

El cuarto enlace lo encontré en el ABC . Ahí escogí el buscaodor Noxtrum y busqué "noticias sobre sueños". Encontré este artículo y me pareció bueno ponerlo para mostrar que aún se sigue investigando sobre este tema.

Paula Cantero

6

La aproximación del conocimiento

Mucha gente duda de la existencia de la verdad. Gente que por supuesto, no se atrevería a desafiar a Newton tirándose por la ventana. La verdad existe, el problema está en saber en qué ámbitos es posible alcanzarla. Si la verdad existe, entonces existe la ciencia. Pero no todo es ciencia. Intentar aplicar métodos científicos a la política o a la ética es una perdida de tiempo.
Hay que saber si una disciplina que no puede alcanzar la verdad de su objeto merece de nuestra atención. Yo diría que sí. Muchos pensadores se levantarían de sus tumbas si leyeran estas líneas, pero creo que la verdad tiene diferentes grados. Puede parecer una postura pragmatista, pero yo no lo creo. Cuando digo que una disciplina no puede alcanzar la verdad de su objeto lo que quiero decir es precisamente eso. Esa verdad no se puede descubrir por uno mismo, ni por todos juntos, ni por todos los que están por llegar. Una opinión es más o menos verdadera en la medida de que se acerca a la verdad pero nunca llegará a tocarla. Eso sólo es posible en la física y en la matemática, que tratan sobre lo universal y necesario.
La verdad es única. Las aproximaciones a la verdad son múltiples. El lector se habrá dado cuenta de que no estoy negando la existencia de la verdad sino nuestra imposibilidad de conocerla. Cuando una cosa pasa, pasa. El problema está en que por diferentes motivos, nosotros no somos capaces de conocerla en su totalidad. Por eso cuanto más nos aproximemos al hecho en sí más verdadera será nuestra afirmación. Pero eso no quiere decir que la verdad sea la suma de todas las opiniones. Sólo nos interesa la opinión que más se acerque a la realidad, las demás son palabras vacías.
Los métodos modernos que tratan de encontrar la verdad absoluta, caen por su propio peso. El desarrollo de las ciencias positivistas hizo al arrogante hombre moderno, un niño pequeño que mira el mundo con ilusión, pero que no es capaz de darse cuenta de su ignorancia enciclopédica. En este sentido me parece mucho más acertada aproximación experiencial y multidisciplinar que propone el pragmatismo. Quizá esto sea reconocer la derrota, pero me creo más inteligente pedir refuerzos cuando se está en inferioridad que morir en el intento de alcanzar un sueño imposible. Las cosas cognoscibles son infinitas, pero no así el conocimiento humano. No se puede conocer todo por eso es mucho más inteligente repartir los objetos a conocer. Siguiendo con la terminología bélica y como diría Julio César, divide y vencerás.
Dicho esto llegamos al tema de la moral. Aquí surge un pequeño problema. ¿La moral es algo dado, o es algo creado por el hombre? Yo más bien me inclinaré por la segunda opción. No digo que la moral no se base en una cierta conciencia de la naturaleza humana pero me parece que es el hombre quien interpreta esos signos. El hombre crea la moral para poder convivir con sus semejantes. Por eso respecto de este tema no seré tan radical como en otros. Toda moral me parece válida siempre y cuando permita la vida y desarrollo del sujeto humano. Pero cuando me refiero al sujeto humano, me refiero a todos los sujetos humanos, nadie puede quedar excluido. La moral que prime los intereses de unos sobre los de otros, que discrimine a las personas por cualquiera que sea su condición me parece que debe ser censurada. Por supuesto que esto ocurre en todas las sociedades, es por eso que me parece aunque hemos avanzado mucho en este sentido, todavía nos falta para llegar. Nos estamos aproximando al objetivo pero todavía no hemos llegado. Hay más de una moral válida, pero hay morales mejores que otras.
Cualquiera podría objetarme que si en el ámbito del que estoy hablando no es posible alcanzar la verdad (algo que he defendido yo) este artículo no es verdadero, es decir, lo que yo digo es falso. Lo que yo intento es aproximarme lo más posible a la verdad, y aunque sé que no lo consigo, eso no quiere decir que sea falso.

Markel Otsoa de Etxaguen

7

¿Son todas las opiniones igualmente respetables?

Hablando de la manera que ahora está de moda en política y sociedad parece que la respuesta ha de ser que sí, que todas las opiniones merecen el mismo respeto. Bastaría con apelar a la libertad de cada uno o, concretando un poco más, a la libertad de expresión. Todo el mundo tiene el derecho a decir lo que piensa y lo que diga es digno de respeto. Esta es la sociedad actual; nos movemos en un mundo en el que la crítica se convierte en algo negativo en la mayoría de los casos, en la que parece que lo único que se puede hacer es escuchar lo que cada uno quiera decir y dar uno su opinión, pero sin el ánimo de influir en el otro, pues, al fin y al cabo, su parecer es igualmente válido; se puede discutir, pero sabiendo que ambos criterios están en la misma línea en cuanto mejor y peor, ya que realmente no hay un "mejor" ni un "peor" si todo es del mismo modo respetable. Quien no acepte estos principios, quien no respete todas las opiniones es tachado de intolerante, de dogmático y, en resumidas cuentas, se convierte en una persona con la que no merece la pena hablar ni discutir.

Me parece que en este planteamiento hay un error, y es que se parte de que si no se respeta la opinión de alguien no se le está respetando como persona. Yo, primeramente lo que haría es distinguir dos tipos de respeto: el primero, el que se debe a todo el mundo por el hecho de ser persona, que se lo confiere su dignidad; el segundo, aquel que viene por lo que cada uno haga en la vida. Bajo el segundo planteamiento es bajo el que sí que cabe que una persona merezca más respeto que otra: una persona que no vive coherentemente con lo que piensa creo que no merece el mismo respeto que otra que sí que lo haga. Y con esto, también considero implícito que se ha de preocupar realmente por cuál es el bien, qué es lo que debe seguir. No creo que sea digna de respeto en este sentido una persona que no respeta a los demás: una persona que mata, que hace daño a otra gente, que va en contra de los derechos humanos… Partiendo de esto, creo que, en todo caso (que no lo sé) se podría decir que cuando no se respeta la opinión de una persona, no se le está respetando a ella, pero en el segundo sentido y, por tanto, no creo que esté mal. Esto, con respecto a una posible objeción de que son todas respetables.

Ahora, ¿son todas las opiniones igualmente respetables? Me parece que no. Respetar una opinión supone algo más que dejar que el individuo la exponga. Supone dejar que se ponga en práctica. Hay ocasiones en las que las opiniones ajenas no tienen ninguna repercusión en nuestra vida. Pero hay ocasiones en las que no es así, por ejemplo en los avances científicos. Que una persona influyente piense que lo mejor para acabar con las desgracias de los países menos ricos es poner una bomba atómica para acabar con su sufrimiento es una opinión. Si respetamos esa opinión estamos diciendo que no nos parece ni bien ni mal, que es una opción como otra cualquiera y que merece la pena tenerla en consideración. Y creo que claramente se ve que es una opinión criticable en todos los aspectos (a quien no le convenza este ejemplo puede poner otro que le convenza más). Entonces, si decimos que es respetable, ¿por qué vamos a impedir que la lleve a cabo? Haciéndolo, dejamos de respetarla. Pero eso es lo que hacemos normalmente, aunque no nos demos cuenta. Se puede tratar de decir, de forma un poco eufemística, que todo merece el mismo respeto, pero en la práctica no es así. Y no creo que eso sea malo, no me parece que sea algo que haya que esconder. Me parece que es la manera más clara de darnos cuenta de que hay opiniones mejores y peores, que se ajustan más o menos a la verdad, y que ello no sólo implica un criterio de validez, sino también de respetabilidad. Un criterio de validez señala qué criterios son más verdaderos, pero no dice nada acerca de la dignidad que debamos darles, ni de lo que debemos permitir o no, y creo que éste es un punto importante en toda discusión.

Por eso, me reafirmo en mi juicio de que no todas las opiniones merecen el mismo respeto. Y, si se dice que todas son respetables porque todas son pensadas por alguien y nadie puede decir que piensa mejor que otro porque entonces es un prepotente, creo que se llega facilmente a un relativismo claro. Claro que hay gente que piensa mejor que otra y opiniones más respetables que otras y admitirlo no indica pedantería ni prepotencia, sino realismo, dejando de caer en tabús y eufemismos absurdos.

Paula Cantero