Me encuentro aquí sentada, paralizada por el miedo a fracasar. Sin capacidad para escribir una frase bien articulada o conectada con la anterior. Mi cabeza está completamente arrasada, ya no le quedan ideas que expresar. El miedo se lo ha llevado todo. Pero aún así intento escribir un artículo, acordarme del mundo que me rodea. Pienso: ¿Es imposible que no haya 700 palabras en mi mundo?... Las hay pero ¿dónde están? Las busco a mí alrededor, en mis recuerdos, en mis libros, pero se han escondido ante la presencia de ese monstruo llamado miedo.
Este un pequeño recuerdo de un día de sequía mental.En el que los teclas de mi ordenador me producían pavor. Aunque no siempre,esta sensación me acecha a veces cuando encuentro que es muy distinto pensar y decir. Cuando uno se encuentra con la díficultad de atravesar la barrera del yo para llegar a los demás.
Beatriz Martínez

Ese miedo amiga mía es producto de tu imaginación, creo que cualquier escritor, desde los mediocres hasta lo magnánimes, deben saber apreciar el arte de meditar. Y tu has meditado algo de lo que no mucha gente se ha dado cuenta.
Sal a la calle y alégrate, porque has descubierto que no es el miedo el que no te deja escribir, sino tus pensamientos.
Entiendo lo que dices... Quien no ha sentido eso alguna vez es que no tiene nada complicado que contar. El miedo viene cuando queremos hablar de sentimientos, porque son muy difíciles de definir. Lograr que los demás entiendan algo tan íntimo es practicamente imposible y la mayoría de las veces nos parece que las palabras con las que tratamos de explicarlo no hacen más que disfrazar lo que en realidad hay. Por eso nos gustan tanto los grandes poetas, escritores, canta-autores, filósofos... Porque cuentan cosas que todos sabemos pero a las que no hemos podido darles nombre. Porque cuando las leemos pensamos, "esto es justo lo que yo siento, no habría podido definirlo mejor".
Un saludo
MIEDO
Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.
RAYMOND CARVER
Estados Unidos, Oregon (1939-1988)
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