
Actualmente parece que la dificultad más grande al solucionar un problema no se encuentra en el problema mismo sino en la adecuada comprensión de éste. En numerosas ocasiones ocurre que no vemos que las diferencias de opinión tienen su raíz hundida en las distintas interpretaciones, ya sean más acertadas o menos. Por ello, lo primero es aclarar qué es la opinión y qué es el respeto. La opinión, es una forma propia de pensar sobre algún asunto cuestionable. Como se puede observar, difiere de la verdad en que ésta no es discutible, sin embargo tienen cierta relación y es que la opinión la pretende. La complicación reside en dilucidar cuál es la opinión más cercana a lo verdadero, o en lo referente al plano ético, lo más cercano al bien. Es en este punto, en el que el respeto entra en juego. Esto ha sido mencionado claramente por Benedicto XVI en la reunión con los embajadores de los estados musulmanes.
En el momento en que se inicia un diálogo en el que se enfrentan opiniones, las opciones a las que se puede aspirar son varias. Éstas se pueden resumir en las siguientes: sencillamente conocer de qué otra manera argumenta o razona otro, exponer las ideas entre ambos para alcanzar una conclusión común, o por el contrario, la búsqueda de poder, es decir, imponer las propias ideas y declararlas como definitivas.
Esto último es lo que da lugar al conflicto, si se rechaza la postura dominante, o la limitación de la libertad de expresión si se acepta.
El respeto, tener consideración hacia alguien o algo, es lo que debería salvaguardar este tipo de conflictos.
Por otro lado, no se pueden estudiar aisladamente estos dos conceptos como generalmente se intenta, ya que no dejaría de ser un estudio parcial y por tanto reduccionista. Todo enmarcado en un contexto, consigue que la comprensión sea más sencilla.
¿A qué conduce la falta de respeto? A medida que se van afianzando los propios razonamientos y se reniega del resto, uno se enfrasca en su forma de pensar y no ve más allá. Esto conduce a encerrarse en uno mismo complicando la tarea de retroceder y saltar sobre determinados errores, pues sin ayuda no los advierte.
No se trata de una total aceptación de sus conclusiones, sino de intentar comprender otras formas de vivir, sentir, creer...
¿Qué es lo que produce tal diversidad? La heterogeneidad de culturas, convenciones sociales, tradiciones, experiencias, circunstancias… La sociedad requiere de un entendimiento por parte de unos y otros para que ésta prevalezca. Debe por ello haber una base sobre la que asentar ese respeto que no es sino un tipo de protección frente a otros y un signo de igualdad en cuanto que todos somos seres humanos. De esta forma el respeto es absolutamente necesario y debe fomentarse en la educación. Pero hay un gran abismo entre el respeto hacia las personas que generan las opiniones y las propias opiniones. ¿Cuál es el criterio que seguimos para juzgar una opinión? Lo primero es que ese argumento se sostenga sobre los pilares del conocimiento, de la razón y de la experiencia. No hay que dejarse llevar por “el todo vale”. Es fácil decir que hay que ser tolerantes y respetuosos con lo que nos rodea, pero no nos engañemos, hay que tener un criterio y según este distinguir que es lo que bajo ningún concepto hay que aceptar.
Siempre es bueno conocer por donde se está caminando y poner límites para fijar el camino y no perderse. ¿Dónde están los límites del respeto?
La respuesta, tal vez, la encontremos en el ámbito de la moral. Con el tiempo hemos conseguido que se reconozcan ciertos derechos y entre ellos el de la libertad de expresión. Pero esto no significa que todas las opiniones sean acertadas según desde donde se miren; caeríamos en el relativismo, pero sí que es cierto que muchas de ellas no se pueden evaluar ya que son excesivamente subjetivas. Sin embargo, existen otro tipo de opiniones que afectan a los demás seres humanos como la ley del aborto. Además no hay que olvidar que las opiniones en su mayoría persiguen un fin que no es otro que materializarse en una determinada acción. En esta clase de opiniones las delimitaciones las deberían poner un conjunto de principios éticos sólidos e incuestionables. Establecer valores humanos como la dignidad e identidad de cada uno de nosotros por encima de todo, infranqueables.
De esta forma es completamente preciso hacer una distinción entre lo que sí se puede juzgar y es superfluo para otros seres humanos pues no les afecta en gran medida y lo que no es cuestionable, pues nos puede dañar íntegra o parcialmente.
Emma Badía

Buena entrada. Viene muy bien para los tiempos de intransigencia que corren... El problema es que no tenemos término medio, o lo aceptamos todo o toleramos nada que sea diferente.
Constantemente escuchamos que los medios deben ser plurales, que los partidos políticos han de ser plurales, que las personas han de ser plurales, pero ¿qué es la pluralidad? Porque puede que la pluralidad no sea más que una palabra bonita, un cliché que suena benevolente y por el cual se puede sacar mucha rentabilidad política y mediática. Como ocurre con otros muchos, entre los cuales están los conocidos términos de libertad, talante, democracia, paridad…
Pero la realidad es que la misión de esos términos tiene un claro fin político. La realidad es que la búsqueda del bien y de lo correcto, -de la verdad-, queda relegada. Pero, ¿acaso el individuo no busca el bien para si mismo y para la sociedad? Pensará ese individuo que sigue el bien cuando apoya a alguien que habla de pluralismo; pero, ¿lo hace realmente cuando aquel apoya firmemente el aborto? Porque el pluralismo implica “aceptar” diversas opciones, y entre ellas se encuentran las que son más correctas y menos correctas. Sin embargo, la verdad es la única que es verdaderamente imparcial, y no es que sea plural, sino que es directamente justa. Porque no por admitir toda clase de opciones o acciones se es más bueno. Sinó que el justo es bueno. Y aquello de que lo correcto o la verdad es relativa o no existe, es una vez más demagogia. Puesto que ellos, los que esto dicen, están emitiendo lo que para ellos es una verdad, y esa verdad no se sustenta en la razón, por descartarla.
Mateo Dacosta.
Estás muy preocupada por el lenguaje! Yo pondría aquí la palabra "empatía", que viene a ser entender las palabras que el otro nos lanza y entender los significados que el otro les da. Al final, el problema siempre está en las definiciones.