
La rebelión de las masas, un con junto de artículos de Ortega y Gasset, se ha convertido en uno de los más comentados de éste gran intelectual español del la primera mitad del siglo XX.
La España de hoy en día, no es más que una “evolución” de lo que fue en tiempos pasados. El problema reside en si la evolución, como su propio nombre indica, ha sido una mejora, o por el contrario su resultado fue un descenso, una caída.
Ortega comienza sus ensayos hablando del hecho de las aglomeraciones. Se estaba produciendo un movimiento social que dejaría huella en el futuro; las masas estaban intentando suplantar a las minorías. Y es que, desde el punto de vista social, las Cortes incorporaron a la vida política a las nuevas clases medias urbanas y de forma muy señalada a profesores e intelectuales. En un primer momento no parece que esto fuese a tener unas consecuencias desfavorables, si tenemos en cuenta que desde un plano muy general, la mayor participación social en los asuntos políticos conseguirá un orden más justo. Sin embargo, igual que Ortega y Gasset, creo que esto evoluciona hacia una gran decadencia.
Es necesario tener en cuenta, que una sociedad para que funcione como tal, debe poseer una articulación, esto es, debe estar dividida en sectores y cada uno de ellos cumplir su función.
¿Cuáles son los criterios de organización? Evidentemente no se trataría de una diferenciación según el nivel económico, o por lo menos no debería ser así, si no de grados de especialización.
Ya en la época clásica los pensadores griegos hablaban de una escala jerarquizada en la que cada cual debería tener su lugar, desde el artesano hasta el gobernante. El argumento para defender esto es muy sencillo: cada ser humano debería realizar aquello en lo que, por decirlo de algún modo, es más virtuoso. De esta forma, el progreso en todos los ámbitos de la vida política, social, económica, artística, etc. avanzaría de forma rápida y continuada.
Ocurre, que por el contrario, sólo una mínima parte del mundo funciona de esta manera y que gran mayoría de los hombres no están dispuestos a cultivar aquello que les diferencia a nivel práctico ya que en el sistema capitalista en el que vivimos lo que les mueve es el ansia de fortuna y de poder.
Cuando hablamos de igualdades, creo que hay que concretar que de que tipo de igualdades se está tratando. Parto de la idea de que todo hombre, por el hecho de serlo, ha de tener unos derechos. Sin embargo, no ha de confundirse con los derechos humanos con los derechos políticos. Primero es conveniente comprender cómo Ortega y Gasset entiende la sociedad. Este explica que la sociedad,a nivel general, se divide en dos factores: las masas y las minorías. La diferencia entre ambos la marca el nivel de cualificación. No se trata, por tanto, de una distinción cuantitativa, es decir, que la mayoría se corresponda con la masa, aunque de hecho se dé de este modo, si no de una diferencia cualitativa. Las minorías tienden a exigirse más, y no se dejan llevar por el conformismo. Por otra parte las masas no se valoran y aunque sus posibilidades sean inmensas en cuanto a su potencialidad no las explotan y sus vidas carecen de proyectos. “No es una división de clases sociales sino de clases de hombres”. Esta última parte tiene gran importancia. Ortega y Gasset generaliza en un primer momento al diferenciar masas y minorías pero no se olvida de que cada hombre es diferente respecto del resto. Esto es, los grupos sociales están constituidos por hombres, por seres individuales y pertenecer u uno u otro grupo depende de cada uno.
Ortega habla de “hiperdemocracia” en la que las masas se imponen, se ven en el derecho de criticar ideas o ni siquiera oírlas porque creen tener ya las suyas, encerrándose en sí mismos.
Sucede que el hombre que antes habitaba en pequeñas zonas rurales comienza a mudarse a las grandes ciudades a causa del desarrollo de la industria, en busca de mejores condiciones laborales. Las ciudades se llenan de gente, lo que Ortega y Gasset llama “la aglomeración del lleno” y acuden a lugares antes solo frecuentados por las minorías: cafés, teatros, etc. Desde mi punto de vista estamos presenciando uno de los momentos más decadente por los que ha pasado la sociedad española.
El derecho a la libertad de expresión se ha llevado al límite y sus consecuencias han sido nefastas. Hemos constituido una gran sociedad de masas ignorante, superficial, materialista, ingenua y desprovista de valores. Creemos saber, y argumentamos sin tener un conocimiento base sobre el que apoyarnos por el simple hecho de que “todos tenemos derecho a opinar”. Caímos en la más grande barbarie, y sin darnos cuenta creyendo que hemos evolucionado con respecto a las generaciones anteriores. Espero que en algún momento, nos paremos a pensar y demos un paso hacia tras.

Me ha gustado mucho este artículo, no lo había leído antes.
Estoy muy de acuerdo contigo, y sobre todo con Ortega. Pero no creo que el capitalismo esté envuelto en este problema. El capitalismo no hace que los motivos que nos mueven pasen a ser "ansia de fortuna y poder": El ansia de poder está en la naturaleza del hombre, y el capitalismo sólo es el sistema más sencillo para organizar económicamente una sociedad.
Creo que más que el capitalismo es la propia democracia la que nos ha llevado a estos extremos: primero, el poder de los gobernantes dejó de venir de dios y pasó a venir del pueblo, y después, el poder de los gobernantes pasó a venir de las mayorías (que no son lo mismo que el pueblo). Pensar que las mayorías representan a un pueblo es un disparate: Cuando decimos que España está a la cabeza de la producción de artículos filosóficos, ¿queremos decir que una mayoría sobresale por su amor a la sabiduría? No. Queremos decir que hay una minoría de filósofos que define a España en el ámbito internacional. Sin embargo, esta exaltación de la masa hace que ese grupo de filósofostenga poco que decir de filosofía, puesto que las filosofías de los paletos y los ignorantes se cuentan en nuestro sistema masivo con el mismo peso.
Adjunto un texto clásico que me parece muy apropiado:
Cuando muere el tirano de Corinto, Cípselo, tras 30 años de gobierno sanguinario, su satrapía es heredada por su hijo Periandro, el cual quiso averiguar cuál era la mejor manera de conservar el poder. A tal fin, envío un embajador al tirano de Mileto, el viejo Trasíbulo, quien lo lleva a pasear fuera de la ciudad y diserta con él “por campo sembrado, no parando de descabezar las espigas que entre las demás veía sobresalir, arrojándolas de sí luego de cortadas, durando en este desmoche hasta que dejó talada aquella mies, que era un primor de alta y bella. Después de corrido así todo aquel campo, despachó al enviado a Corinto sin darle respuesta alguna. Apenas llegó el mensajero cuando le preguntó Periandro por la respuesta; pero él le dijo: ‘¿Qué respuesta, señor? Ninguna me dio Trasíbulo’ (...). Más Periandro dio al instante en el blanco y penetró toda el alma del negocio, comprendiendo muy bien que con lo hecho le prevenía Trasíbulo que se desembarazase de los ciudadanos más sobresalientes del estado; y desde aquel punto no dejó ni maldad ni tiranía que no ejecutase en ellos, de manera que a cuantos había el cruel Cípselo dejado vivos o sin expatriar, a todos los mató y los desterró Periandro” (Herodoto, Historia, libro V, 92)
fuente: http://libresenred.blogspot.com/2007/02/periandro-mao-y-el-tirano...