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La Coctelera

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BLOG DEDICADO A LOS JÓVENES DE PAMPLONA

25 Noviembre 2006

Érase una vez un principito solitario

Cuando en conversaciones entre amigos sale a relucir nuestra infancia cada uno habla de lo que más le ha marcado en la vida. Aquello que por considerarlo importante, recuerda. Todos nos emocionamos y contamos a modo hazañas cómo éramos y qué hacíamos. La conversación fluye durante un rato sin tregua, nuestros sueños e ilusiones florecen de nuevo.

Cuando recuerdo mi pasado me imagino como una niña inquieta, despierta y activa. Escondiéndome en un arbusto, corriendo tras un pueril niño que se enfadaba porque le alcanzaba; llorando porque no tenía hermanos mayores que me defendieran como mi amiga Leti que sí los tenía, riendo con los mismos que me habían hecho llorar, soñando con ser mamá o vendedora, recreando mi imaginación y haciéndola realidad a la vez, con piedras, arena o papel. Me imagino junto a otros y lo más importante junto a otros semejantes a mí.

Otros de mis amigos, en cambio, hablan casi con lágrimas en los ojos de las míticas series de televisión. Hacen memoria de cada personaje y cada escena, como si ellos estuviesen allí, presentes en un mundo que no era el suyo, siendo hijos predilectos de una dimensión virtual. Hablan exaltados de los juegos de la Nintendo o la Game Gear. Rememoran sus momentos Game Boy como lo mejores, equiparados a los pasados con un buen amigo de la infancia. Se recuerdan solos, junto con sus cosas.

Por un momento me siento desplazada sin saber que decir, intentando no mostrarme ridícula e ignorante ante tanto conocimiento adquirido durante años. Yo no recuerdo más que cuatro series con alguno de sus protagonistas, nada de Nintendo, Game Boy ni tan siquiera grandes colecciones de muñecas. Por un momento dudo de la calidad de mi infancia. Pero de repente imagino a un ser insignificante e ingenuo, sentado delante de un televisor durante horas, sin moverse, absorto ante una eclosión de imágenes, sin hablar…o a otra criatura pulsando exaltada las materiales teclas de una máquina cualquiera, creada por adultos; mientras va al colegio, en el recreo o en su hora de la merienda. Abducido por la pantalla, por su pantalla, sin mirar al mundo del que tanto desconoce, encerrado en un universo sólo suyo. Me apeno y caigo en la cuenta de lo afortunada que he sido. Mientras yo compartía mi tiempo con personas otros muchos niños consumían su infancia relacionándose con objetos. Sólo suyos. ¿No es esta la expresión más infame del individualismo ponderante en nuestra época? ¿No es quizá esa la peor desgracia en la que puede caer el hombre? La de estar destinado a la soledad desde los la niñez.

Aunque parezcan minucias o detalles triviales de la biografía de cada uno, la relación que hayan adquirido los infantes con sus iguales será la que mostraran el resto durante el resto de sus vidas: consigo mismos, con sus amigos, con sus hijos, con sus vecinos y compañeros de trabajo, en su matrimonio…

Los hombres actuales y de una manera más llamativa y alarmante los niños han pasado de entenderse como integrantes de una comunidad a considerarse como un seres sólitarios, independientes del mundo y rodeados de otros sólo accidentalmente. El niño postmoderno (puestos a clasificarlo dentro de un grupo distinto) ya no siente la necesidad de cumplir sus expectativas junto con otros. Sus ganas de jugar, de conocer o reír se satisfacen, en muchos casos, a través de un mundo irreal, virtual o en su defecto por un universo televisivo sin valores, creado por grupos empresariales, por factorías de morbo sin escrúpulos.

La necesidad infantil de humanidad, por descuido o comodidad, se suple con una buena dosis de materialismo. El niño postmoderno conoce al dedillo el uso y función de cientos de aparatos electrónicos que por desgracia le hacen creer en una falsa autonomía con respecto a sus semejantes. Y que, en cambio, revela una esclavitud hacia las cosas.

Sólo es necesario poseer (palabra clave en el individualismo) para tener diversión. Sin salir de casa, sin necesitar a otro, se puede encontrar la satisfacción que se busca. Los niños, que tienden a escoger lo más cómodo y placentero posible, prefieren quedarse solos, acompañados de mundos estimulantes donde casi siempre se puede lograr lo que uno quiere sin demasiado esfuerzo a salir y enfrentase con las dificultades que las mismas relaciones interpersonales generan. En ellos, también, se les acerca a cosmos fantásticos con tanto detalle que la realidad acaba pareciendo pobre, insulsa, aburrida. En otros casos, miles de historias se pasan ante los ojos de críos ensimismados de las nunca llegan a ser participes. Facilitando la formación de seres pasivos, sin iniciativa propia. Estos niños acaban siendo felices viendo pasar la vida sin haber aportado nada en ella.

Por el contrario, la gran mayoría desconocen las normas de sociabilidad o la importancia de la generosidad y la entrega en la amistad. La dificultad que supone ser junto a otros, que nadie puede ser sustituido por nada ni tan siquiera por nadie. Les cuesta entender que a las personas no se las puede suplir y, en el peor de los casos, olvidan que los otros no son meros instrumentos para su generadores de placer.

Replanteando el individualismo desde estos pequeños detalles, desde la infancia y sus comportamientos tan insignificantes en apariencia, podemos entender un poquito mejor los problemas que afectan a la juventud actual. Resulta más fácil deducir de dónde vienen y hacia donde irán (si no están yendo ya) las futuras generaciones. Entender la apatía, la desilusión constante en la que viven muchos jóvenes, el aburrimiento vital, la frustración de seres con una vida todavía sin hacer, el aumento de depresiones en niños y jóvenes. El incremento de los suicidios de menores. Son más fáciles de entender cosas tan desesperanzadoras como estas porque cuando el hombre deja de entenderse como lo que es para entenderse cómo lo que no le gusta ser, un principito solitario, nadie queda a salvo.

Tags: problemas

servido por lachincheta 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Leticia

Leticia dijo

Ahora con las maquinitas también se puede jugar en grupo, aunque es verdad que no siempre fue así, y no suele ser lo más común jugar en grupo.

Yo siempre digo que lo mejor que mis padres me han dado son mis 3 hermanos. Aunque haya tenido que heredar durante años ropa de chico, o darles conversación cuando estaba rendida de sueño, o comer menos chuches que mis compañeras, ni loca los cambiaría por nada... Ahora la palabra "hermano" ya casi no existe, y pocas veces la de "amigo".

Y se intenta compensar esos vacíos de cariño que se ven en los niños dándoles "cosas", dándoles todo lo que piden. Ya no se cuentan cuentos, ahora se compran cintas para que los niños las escuchen o vean como robots, ya no se come en familia, se come con la tele, etc. Y luego vienen las anorexias, la violencia, la pasividad... Son niños indefensos, que no saben cómo reaccionar ante las frustraciones porque para ellos son casi una novedad. Aunque siempre existirán honrosas y esperanzadoras excepciones ¿no?

Jo, qué bien escribís los filósofos, va en serio, vais al fondo de las cosas y sacáis jugo a lo que parece más nimio. Siempre me quedo impresionada...

26 Noviembre 2006 | 08:12 PM

Ramón

Ramón dijo

Venga que todos sabemos que dices esto porque realmente no tuviste infancia...

1 Diciembre 2006 | 06:36 PM

Rafa

Rafa dijo

Jo, que razón tienes.
Cuando recuerdo mi infancia tengo que separar los momentos "televisivos" de los reales.
Realmente es muy triste...

2 Diciembre 2006 | 05:43 PM

Mafalda

Mafalda dijo

Me da un poco de pena que compares a estos niños con el principito, porque este personaje es el representante de la imaginación, de la creatividad de la niñez... Por lo demás, lo cierto es que me ha encantado el post. A muchos padres les convendría leerlo para que se sequen la baba que se les cae diciendo lo bueno que es su niño en informática, lo bien que maneja la cámara digital que le regalaron. Muy buena entrada, la verdad.

27 Marzo 2007 | 08:30 PM

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LO QUE BIEN EMPIEZA, BIEN ACABA: Vamos a estrenar este blog con unas palabras que aunque no nos pertenecen, sí que nos gustaría hacerlas nuestras."Vivir lo que pensamos. Pensar lo que vivimos. Vivir lo que decimos". Ése será nuestro objetivo, aunque no siempre es fácil ser fiel con uno mismo, con sus ideas y gustos. Y menos cuando las materializas a través de la escritura, dejando una parte de ti a otros de una manera perpetua. Y menos cuando esos otros, son muchos (o eso espero).

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