Jean Baudrillard nace en París en 1929. No es propiamente un filósofo, pero si que contribuyó en incluir su punto de vista desde diferentes perspectivas sobre la modernidad y postmodernidad.
La época moderna la concibe como un eclipse con respecto a las etapas históricas anteriores, no se trata de una sencilla ruptura sino más bien de un olvido de lo anterior. La caracteriza por el capitalismo. Todo gira entorno al materialismo, consumismo, las nuevas tecnologías…
Esto conlleva una serie de repercusiones más o menos graves.
El sistema de los objetos(1968). En este libro introduce la semiótica. Los objetos se convierten en signos transmitidos por los medios e comunicación, que nos controlan con su publicidad e información atractiva arrastrándonos al consumismo desenfrenado. Este es el denominado sistema de objetos en el cual los productos dominan al sujeto.
El espejo de la producción(1973).Baudrillar distingue, al igual que Marx, diferentes concepciones de valor. En la época preindustrial los intercambios se llevaban a cabo simbólicamente mediante el valor que le correspondía. Una vez adentrados en la modernidad esto cambia y el valor se despliega en valor de uso y de cambio. El valor ya no es el propio del producto si no que va cambiando con las leyes de que impone cada política económica. Baudrillar encuentra uno más, que lo define como valor de signo, haciendo referencia a la reputación que concede determinado producto.
En sus principios poseía influencias marxistas pero a lo largo de sus obras se observa como lo va rechazando. Concibe el marxismo como una alternativa al capitalismo pero Baudrillar busca algo más revolucionario. La opción escogida retrocede en el tiempo para adoptar la época en la que reinaba lo simbólico en lo que a economía se refiere.
Para Baudrillard la modernidad es la época de la “metalurgia” mientras que la postmodernidad se caracteriza por la “simiurgia”. El signo es lo que determina este momento. Los signos y los códigos son los elementos que envuelven la realidad de tal modo que se funden con ella sin poder hacer distinción. Las simulaciones o imitaciones siendo artificiales se acercan de tal forma a la realidad que consiguen perder la distancia con ella y dificultan así la tarea que distingue el plano en el que están cada una de ellas. A ésta situación la suelen denominar algunos como hipermodernismo.
Foucault es criticado por Baudrillard al considerar a éste de una época pasada. El poder ya no se encuentra presente como él lo describía, ahora es un simulacro más. El poder aparece difuso en el interior de la diversidad de signos.
La postmodernidad pierde el significado. Ya no hay unos modelos propios de este momento ya que se han mezclado todos los de las etapas posteriores, todo vale. Adquiere de ésta forma una actitud prácticamente cínica o nihilista ya que todas las teorías, supuestos o creencias se mueven en el vacío.