La ciencia es en este momento el parámetro para calificar a una sociedad como más o menos desarrollada. La tecnología avanza cada vez más rápido porque cada vez son más los medios que se ponen para lograrlo y más las personas interesadas en que eso salga adelante. Es el motor de la historia, lo que puede hacer que se solucionen muchos de los problemas que sufre el mundo actualmente. La esperanza de mucha gente está puesta en el trabajo que realizan cada día los especialistas para descubrir nuevas medicinas o nuevos tratamientos a los que someterse para mejorar la calidad de vida.
El tema está en que la ciencia sólo “puede” hacer que las cosas mejoren, pero que realmente se consiga depende de cuáles sean los proyectos, de quién sea la persona que los lleva a cabo y de qué enfoque se le dé a lo que se intenta inventar o descubrir. Con los avances científicos se pueden hacer las mejores cosas, pero también las peores y quizá esto es algo que no tenemos mucho en cuenta. La conciencia más generalizada es que cualquier descubrimiento es positivo y que es necesario llevarlo a la práctica para que una civilización avance. A esto contribuye en gran medida la propaganda que se nos hace a través de los medios de comunicación y en las propias revistas científicas que es, en la mayoría de los casos, positiva.
Ahora, ¿contribuyen todos los descubrimientos a que mejore una sociedad? O, dicho con otras palabras, ¿se debe poner en práctica cada nueva posibilidad? ¿Es necesario para que el mundo avance? Éstas son preguntas que ya no tienen que ver sólo con la ciencia, sino con ésta unida a la razón y a la moral. Últimamente son cosas que se dejan de lado: la moral es algo que ha quedado obsoleto para gran parte de la sociedad, se considera pasado de moda; se asocia a una serie de restricciones que parece que la humanidad actual no necesita, pues se sitúa por encima de ellas. Y con respecto a la razón, aunque no tan evidente, ocurre algo parecido. Muchas veces no la aplicamos como deberíamos porque quizá la entendemos como ligada más a la ciencia que a la moral: mediante la razón y la inteligencia logramos avanzar científicamente. De lo que nos olvidamos es de que la razón es la que debe juzgar lo que está bien y lo que está mal y se debe aplicar a todas las acciones, incluida la ciencia; no está adherida a lo que ésta diga. Volvamos con las preguntas. Me parece que la respuesta tiene que ser, claramente, que no. Está claro que todo conocimiento de la realidad y de las posibilidades humanas es positivo, pero eso no quiere decir que sea positivo también llevarlo a cabo.
Me sorprende que cuando se habla actualmente de clonación o experimentos con embriones sea sólo la Iglesia y sectores calificados como “muy conservadores” y, debo decir irónicamente, “radicales”, los que se oponen a su práctica. Nos hemos vuelto insensibles ante acciones que están cargándose poco a poco el mundo y la humanidad. El mundo, porque son cosas que no contribuyen a mejorar la naturaleza, sino a destruirla; la humanidad, porque estamos matando a muchas personas y porque, hacerlo, nos destruye a nosotros mismos. Y digo que estos “avances” no contribuyen a mejorar la naturaleza, porque para lograr un bien en una persona se están sacrificando vidas inocentes, y se les está quitando su dignidad. Más aún, ni siquiera considero que sea un bien para la persona a la que supuestamente se le aplica el descubrimiento, porque siempre será consciente de que su vida ha sido posible así a costa de muchas otras; tendrá toda su vida un sentimiento de culpabilidad y de deuda imposible de eliminar y, sentirá que cada minuto de su vida tiene que estar aprovechado para ser, de alguna manera, “merecedora” de ese sacrificio. Creo que es evidente que de esta manera ninguna persona puede ser feliz. Estamos perdiendo la sensibilidad en estos temas de una manera increíblemente rápida e indecente y porque esta de moda pensar que sólo es real lo que se ve; sólo creemos lo que vemos.
Por supuesto que la ciencia es necesaria y sin ella el mundo no se desarrollaría ni nosotros podríamos, en muchos campos, realizarnos, pero hay que pararse a pensar hacia dónde avanza el mundo y si eso es realmente bueno. La ciencia no es contraria ni a la moral, ni a la sensibilidad, ni mucho menos a la vida; debería ir unida a las tres cosas, deberían apoyarse, no ser posturas reñidas. Que se pongan límites a la ciencia no significa que el mundo y la sociedad estén menos evolucionadas, significa que somos más que la ciencia, que podemos juzgar aún lo que está bien y lo que no, que podemos decidir cuál queremos que sea el futuro del mundo. Y me parece que decir que “sí” a todo lo que la ciencia descubre y propone no es la mejor manera de conseguir el mundo que queremos.